Quien mucho abarca…📉

Con este post quiero explicado la dificultad que supone en el mundo de la hostelería poder conciliar la vida familiar, los estudios y el trabajo simultáneamente.

Hubo una etapa de mi vida en la que quería hacer grandes progresos. Y evolucionar para salir del anclaje que la noche me suponía.

Me apunte a una escuela de adultos a la que debía asistir todas las tardes para sacarme el acceso a la universidad para mayores de 25 años. Durante esta etapa que me suponía la asistencia a clases durante todo un año seguía trabajando en una discoteca, unas 4 noches por semana. Y aunque la asistencia a clases no era obligatoria para mi era una necesidad, ya que sin ayuda de los profesores y sus deberes diarios jamás conseguiría el título que tanto anhelaba. Puesto que mis estudios eran mínimos.

Durante esta etapa mi padre se encontraba en un momento delicado de salud. Por lo que estaba ingresado en el hospital y llevaba ya meses sin salir de el.

Prácticamente hacíamos más vida en el hospital que en casa. Pasaban los días, las semanas, los meses y no salíamos de él…

Por lo que mi rutina diaria se convirtió en un hábito, en una costumbre… por las mañanas estaba en el hospital, por las tardes me iba a clases y por las noches trabajaba. Podéis imaginar el tiempo de descanso que tenía.

Todo ello tuvo su recompensa cuando me dieron el título de bachiller y aprobé el acceso a la universidad con notas que ni me esperaba… ya que siempre he sido bastante pesimista con mis capacidades y lo que puedo llegar a lograr. Pero la constancia y perseverancia dieron sus frutos.

Mi mayor problema empezó cuando puse las miras demasiado altas. Aquí es donde quiero que entendáis que hay que ser realistas y saber cuales son las limitaciones de cada uno. Cada cual tiene sus propias necesidades y diferentes responsabilidades y os contaré mi paso por la universidad.

Al terminar el acceso y querer comenzar una carrera universitaria me dejé asesorar por los mejores del centro, quienes tenían unas expectativas muy altas sobre mi, ya que veían capacidades que ni yo misma sabía que tenía. Me recomendaron comenzar una carrera que por supuesto sin mis notas de corte jamás podría haber hecho. Y me inscribí en la carrera de International business. Para quien no lo sepa es una carrera de matemáticas puras y yo jamás había estudiado antes matemáticas!!además de impartirse la mitad de las clases en inglés. Imaginaos dar una clase de economía o estadística en inglés… una auténtica locura os lo aseguro. Entraba en clases y los tutores me daban como caso perdido, comenzaban a escribir en sus kilométricas pizarras todo tipo de fórmulas y algoritmos y mi cerebro no conseguía almacenar lo que para el era “chino”.

No entendía nada y cada vez que pedía ayuda mis tutores de la universidad decían que esa carrera no era para mi. Me desmotivaban con tanta negativa. Aún así me empeñé en intentarlo ya que había conseguido entrar y llegar hasta allí y puesto que a mis padres les hacía muchísima ilusión no quería volver a defraudarles.

Me pasaba las mañanas enteras en la universidad y me metía entre los libros por las tardes en la sala de espera del hospital. Estudiaba horas y horas antes de irme a trabajar… y aún así no conseguía nada, seguía sin entender prácticamente la mitad de las asignaturas y los exámenes se acercaban. Por lo que pague en tres meses del primer trimestre a cuatro profesores particulares distintos, ya que todos y cada uno de ellos tenían menos idea que yo y me estaban estafando cobrándome hasta 20€ la hora por no explicarme nada. Trabajaba solo para costearme las clases, los libros extras y el desplazamiento que me suponía un dinero descomunal casi a diario.

Imaginaos cómo iba a clases por la mañana, sin apenas dormir. Muchísimas veces de empalme del trabajo a la universidad.

Aún así me concedieron una beca que me dio un poco de respiro para poder continuar con todo. He de decir que las asignaturas de exposiciones, gestión, dirección e idiomas se me daban bastante bien. Aún sin dormir hacía exposiciones orales en clase que dejaba a mis tutores con la boca abierta. Ya que soy bastante creativa y no me costaba hablar en público. Era lo que me daba nota para convalidar las demás asignaturas que tanto se me atragantaban.

Pero llegó la época de exámenes después de navidad y como no aquella navidad había sido un suplicio con mi padre más muerto que vivo y con constante tensión y angustia en el hospital. No lograba concentrarme, estaba agotada tanto física como psicológicamente, apenas dormía y las veces que lo conseguía tenía pesadillas constantes, iba a clase deprimida y tan cansada que me costaba mantenerme despierta. Y a algunos exámenes no pude ni presentarme puesto que no podía dejar a mi familia sola en esa situación. No sabíamos si saldría de aquella o sería la última navidad con nosotras.

Así que aquel no fue mi año, lo único que aprendí es que carrera me encantaba y quería hacer muy por encima de mis posibilidades. Que carrera era la que me gustaría tener y nunca tendría. Me sentí tan frustrada y tan deprimida por toda mi situación que el “desengaño amoroso” hacia esa titulación fue más duro aún, que el hacer algo que nunca te había gustado o que nunca te había hecho tanta ilusión…

A pesar de todo mi padre sobrevivió, aún sigue luchando y peleando a nuestro lado… y hoy por hoy he retomado mis estudios. Eso si desde un nivel más básico y más acorde con mi titulación. Por lo que no desisto ni pierdo la esperanza de poder algún día dejar de lado el mundo de la noche.

Es un trabajo muy honroso como cualquier otro trabajo, pero muy sacrificado. Te absorbe de muchísimo tiempo, en navidades no disfrutas de los tuyos, estás trabajando. Tu cumpleaños jamás es cumpleaños es un día más de trabajo, tus vacaciones no existen cuando todos están disfrutando…. y es que en todos los trabajos se “cuecen habas” pero yo llevo ya muchísimas noches “cociéndolas ” y todos necesitamos cambiar, progresar y mejorar.

Soy una autentica profesional que sabe perfectamente desempeñar su trabajo, pero soy autocrítica y el desgaste emocional que me ha supuesto la enfermedad de mi padre y el desgaste al que me someten los clientes casi a diario me ha hecho recapacitar y darme cuenta de que mi vocación de servir al público ha muerto, al igual que otras ilusiones o metas que tenía en este oficio, todas inexistentes ya y lo que hacen que no tenga ni ganas, ni interés por continuar con este trabajo. Llego mi hora de cambiar y solo me beneficiaré de la noche para poder salir de ella cuanto antes.

Ya he vivido, aprendido y crecido todo lo que se podía en esta rama profesional. Por lo que ya no me aporta nada que no sea económico. Por eso os aconsejo que poquito a poco ampliéis miras y decidáis aprender de otras cosas. No limitéis vuestro círculo a la noche… y mirad más allá porque hay cosas maravillosas que os estáis perdiendo en vuestras noches de fiesta incesante y vuestros días durmiendo en casa con todo cerrado a cal y canto sin saber que está sucediendo fuera en el exterior.

Vivid la noche pero aún más vivid el día a día!!!

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